Sistematización y Capitalización de Experiencias
 
Los ‘proyectos’ suelen ser procesos largos y complejos que generan una gran cantidad de conocimientos. Muchos más, en general, de lo que sus propios protagonistas sospechan. Algunos de estos conocimientos se traducirán durante la vida del proyecto en documentos técnicos, papers , materiales didácticos y audiovisuales, presentaciones en power point. Pero buena parte de la experiencia acumulada suele perderse, ya sea porque sólo quedaron registradas en informes semestrales a los cuales pocos tendrán acceso, o en la memoria de quienes participaron y que al término de la experiencia toman rumbos diferentes. En general, el aprender de la experiencia propia no suele ser una actividad deliberada, institucionalizada, una práctica habitual: y así muchos de estos aprendizajes, los más ricos, los que surgirían de una reflexión sistemática, nunca verán la luz, para desgracia de los demás, de los que vendrán y querrán transitar caminos parecidos.

Y es frecuente entonces escuchar que tal o cual proyecto repite los mismos errores que tal otro.

No es necesario recordar la importancia de ese conocimiento: todos sabemos que los proyectos se construyen, se inspiran, en los caminos abiertos y recorridos por otros proyectos. También sabemos de la autoestima que genera en los técnicos, en las comunidades, en las organizaciones, el poder ver en un documento, en un video, el producto de tantos años de esfuerzo. Y la importancia de compartir y comunicar los logros, las dificultades, los debates, las preguntas e interrogantes no resueltos.

Tanto la evaluación, como la sistematización y la capitalización de experiencias son estrategias o herramientas que permiten recoger, relevar o registrar ese conocimiento generado o esas lecciones aprendidas por los proyectos. Pero, por su naturaleza son muy diferentes entre sí, y conviene entender bien que proponen cada uno de ellos.
 
La evaluación es un ejercicio que suele ser de interés de quién financia el proyecto, que quiere saber, ya sea a mitad de periodo, o acercándose al final, si se lograron los objetivos o productos que el proyecto se había propuesto.

Para ello se contratan evaluadores externos, que revisan los informes, recorren las áreas de trabajo del proyecto, entrevistan a quienes han estado involucrados, y escriben su informe. El cual puede tener consecuencias importantes en la vida futura del proyecto, por ejemplo en que se le renueve o no el financiamiento.

La evaluación, es percibida como una suerte de examen para el proyecto. Suele ser un proceso poco participativo.

Pero la evaluación también puede ser un momento de reflexión y de formación para el equipo de trabajo ya que permite plasmar en un documento las experiencias y los aprendizajes del proyecto.

La sistematización, por el contrario, suele ser el resultado de una decisión que toma el mismo proyecto. Y sí tiene, como finalidad principal, el dejar registradas las experiencias y conocimientos que ha generado a lo largo de los años.

Es un proceso participativo por naturaleza, ya que suele involucrar a todo el equipo, a los responsables de las distintas áreas, a los especialistas, técnicos y promotores, a veces incluso a otros actores cómo instituciones aliadas y comunidades.

Es un momento de introspección, de mirar “hacia adentro“, con la idea de poder reflexionar sobre las estrategias y actividades más interesantes e innovadoras del proyecto, aquellas que merecen ser compartidas, para luego plasmarlas en el papel.

Cómo su nombre lo indica, suele ser un ejercicio planificado, comprehensivo, que abarca el conjunto del proyecto, relacionando los distintos componentes y actividades entre sí, con una mirada interdisciplinaria y abarcadora.

Busca, entre otros, validar el marco conceptual que orienta el proyecto y modificarlo o enriquecerlo a partir de la experiencia.

Hay distintos enfoques y metodologías de sistematización de experiencias, que en gran medida dependen de los recursos disponibles. La sistematización suele ser facilitada o conducida por una persona externa al proyecto, que puede jugar diversos roles, desde ser simplemente un facilitador del proceso, hasta ser el responsable de elaborar el documento que resulte del proceso.
   
    La capitalización de experiencias, a diferencia de la sistematización, no intenta incorporar de manera rigurosa la totalidad de la experiencia, tampoco contrastarla con los objetivos establecidos inicialmente o con el marco conceptual que debiera haber orientado la acción, sino simplemente permitir que los protagonistas del proyecto, especialmente aquellos cuya voz pocas veces ha sido escuchada (técnicos de campo, extensionistas, promotores, dirigentes) tengan la oportunidad de contar su experiencia, a partir de una técnica muy sencilla, pero muy potente, la elaboración de fichas de capitalización :textos cortos, sencillos y amenos, donde cada quien cuenta sus experiencias más significativas, aquellas que le dejaron aprendizajes personales, y que considera que pueden ser útiles a los demás.

La capitalización suele ser un insumo muy valioso para mejorar las estrategias de extensión con comunidades campesinas e indígenas, también en el diseño de programas de capacitación y formación de técnicos y dirigentes.

A lo largo de un taller –que puede durar tres o cuatro días- los participantes van escribiendo sus experiencias y anécdotas más significativas, y cómo estas se tradujeron en aprendizajes, a veces marcando verdaderos puntos de inflexión en las estrategias de intervención o en sus actividades. El taller crea también espacios para el intercambio y el debate entre los participantes.

El conjunto de ‘fichas’ escritas por los técnicos, promotores y dirigentes suelen traducirse en una publicación.

Todas las ilustraciones en este portal son de Jorge Dávalos.
Las fotos son de Chris Van Dam.